inauguración

Imagen de Alberto Romeu

El día que "inauguré" la piscina de mi barrio

De pequeño en el colegio teníamos piscina y en vez de hacer educación física hacíamos natación. La verdad es que no me gustaba mucho y no se me daba nada bien, pero con el tiempo y desde que dejé el colegio me di cuenta que realmente había aprendido bastante y ahora es uno de los deportes que más me gusta practicar.

Hace unos años en mi barrio empezaron a construir una piscina cubierta. Y desde que me enteré estuve esperando a que la acabaran para apuntarme. Antes de que la inauguraran pregunté cómo me podía inscribir y esas cosas, al final, me hice un bono para todo un año bastante bien de precio. Desde que me apunté esperaba el día ansioso en que inauguraran la piscina para poder practicar mi deporte favorito.

Y llegó el día. Esa mañana, aunque los días anteriores me había encontrado mal me levanté pronto, antes de las ocho, me comí dos curasanes con chocolate y un vaso de leche para tener fuerzas (este es un dato importante) y me fui a la piscina desesperado. Y allí estaba yo a las ocho, el primero, como Dios. Al entrar, todo molaba mucho, lógicamente todo nuevo, un calorcito que molaba porque fuera estaba lloviendo. Me cambié en los vestuarios y me fui hacía la piscina. No había nadie sólo yo y la socorrista que estaba en un sitio aparte 'vigilando'.

Ya tenía ganas, bajé al agua despacio, sin tirarme de cabeza para no impresionar a la socorrista (jaja). Ya en el agua me coloqué bien las gafas y el gorro, tomé aire y me puse a nadar como una bestia (juas, fue así). Empecé a hacer largos como una máquina aprovechando que aún no había nadie. La verdad es que hacía años que no nadaba en una piscina cubierta y encima yo sólo (eso creo que nunca), así que estaba disfrutando el momento y cada vez nadaba más a saco. Lógicamente al rato (5 minutos?) el cansancio se empezó a notar así que decidi tomar un respiro, llegar al final y descansar un minuto, para luego seguir a muerte.

Bien, cuando llegué al final y me agarrué para descansar, noté que realmente estaba reventado, habían sido pocos minutos pero muy intensos. Me faltaba el aire y todo. Vamos que a los diez segundos me empezaron a venir como arcadas. Y no se iban. Así que, para evitar 'bautizar' la piscina, salí como pude del agua para ir a los vestuarios. Claro, como era el primer día, estaba un poco desorientado, no sabía donde había dejado la toalla (que estaba en un banco al lateral de la piscina), ni sabía por qué puerta había entrado a la piscina desde los vestuarios.

Al salir del agua las arcadas se convirtieron en ganas de vomitar y me veía apurado para llegar a los vestuarios. A lo lejos vi la toalla y me fui CORRIENDO a saco a por ella. Luego veo una puerta, la puerta de los vestuarios y me voy CORRIENDO a buscar mi salvación, el lavabo. Cuando llego a la puerta me doy cuenta que era el vestuario de tías y tengo que salir e ir a la otra puerta que está al otro lado. Todo esto, corriendo y con la boca llena de potado. Jaja ahora lo pienso y la socorrista y las 2/3 personas que ya habían en la piscina se debieron de quedar flipando.

Bueno, por fin llego al vestuario, entre los nervios, la cantidad de potado en la boca y que era el primer día y no sabía ni dónde estaban los lavabos, decidí soltar el potado en algún sitio seguro; el de la boca y el que estaba por venir porque las arcadas seguían. Por suerte, aún era pronto (qué serían las 8:15?), así que abrí la mochila donde llevaba una bolsa para guardar la ropa mojada y pensé: 'mi salvación! voy a potar ahí'. La saco y empiezo a vaciarme dentro de la bolsa, todos los curasanes y la leche ahí. Unos segundos más tarde, cuando ya me quedo super agusto oigo 'algo que gotea'. Resulta que la bolsa tenía un agujero del tamaño de una moneda, vamos que no había vomitado en la bolsa, había caído TODO al suelo.

La cosa no acaba ahí, como era todo tan nuevo habían puesto encima del suelo un 'sobresuelo' en forma rejilla de plastico, para que cuando llegaras a los vestuarios el agua cayera a través de los agujeros de la rejilla. Resumiendo que no podía dejar 'mi desayuno' ahí, tenía que limpiarlo antes de que llegara alguien. Levanté como pude la rejilla esa y limpié el suelo de potado con lo primero que tenía a mano, la toalla de la piscina. Rápidamente, metí todo en la bolsa y me fui corriendo de allí. Creo que me fui hasta con el bañador puesto. Con lo limpio que estaba todo y lo dejé lleno de mierda (jaja nunca mejor dicho).

Lo mejor es cuando llegúe a casa, 20 minutos después de haberme ido supuestamente a nadar durante una hora o más. Estaba mi hermana y me pregunta: ¿qué pronto has venido?. Y yo: Sí. Y me va siguiendo preguntándome cosas y llego a la lavadora y empiezo a vaciar la bolsa, toda llena de ropa con potado jaja. Y ella flipando. Se descojonó de mí. Y la verdad es que fue brutal. Tenía que escribirlo para no olvidarlo nunca :). Por cierto, el resto del año no fui mucho a la piscina, los primeros meses sí, pero cuando llegó el invierno se me quitaron las ganas y al final dejé de ir.

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